Sandra Maldonado, religiosa MAR, misionera en el Casanare colombiano, en la localidad de Bocas del Pauto.

En mi experiencia como Misionera Agustina Recoleta, el trabajo por la justicia, la promoción humana y el desarrollo ha tenido mucha importancia. Atraviesa desde la forma en que trato a las personas hasta el grado en que me implico en el ambiente y la cultura donde me encuentro, para poder hablar y proponer con algo de «autoridad» frente a la vida del pueblo.

Sin embargo, creo que nos falta más compromiso y formación para llevar mayor calidad de vida a los lugares donde prestamos un servicio. Solo así podríamos hablar verdaderamente de promoción humana y desarrollo.

Por ejemplo, los Agustinos Recoletos tienen una universidad, y en los llanos del Casanare hay muchos jóvenes que se quedan sin estudiar, o a quienes simplemente no les interesa.

¿Cómo articularnos para ofrecer formación y generar creatividad que lleve a los jóvenes a plantearse retos en favor de la vida, de su gente, de su cultura?

Hacemos muchas cosas, y están bien, pero nos falta articular fe y vida, fe y promoción humana, fe y desarrollo. La experiencia de fe afecta y mueve a toda la persona, y creo que seguimos arrastrando la dicotomía del platonismo. Tenemos con qué, pero nos cuesta mucho articular e integrar.

ARCORES Internacional se ha hecho presente en los llanos de Colombia a través de la experiencia de voluntarios en verano, y ha sido algo muy positivo.

Tengo la esperanza de que este año, el primero que voy a compartir con ellos, podamos hacer un trabajo en el que, valiéndonos de la experiencia del equipo que viene y de lo que nosotros estamos haciendo, generemos procesos que puedan continuarse y, al mismo tiempo, brindemos herramientas que permitan a las personas seguir construyendo a nivel personal y comunitario.

Para mí, ARCORES es como la esperanza de que la familia Agustino Recoleta pueda unirse en favor de la humanidad, y Bocas del Pauto es un pequeño pedacito de eso.

Valoro muchísimo el esfuerzo de frailes y religiosas, pero me admira el trabajo de los laicos, que nos enseñan que nuestro carisma está vivo en ellos y lo transmiten a través de ARCORES.

De cara al futuro, con la planificación que estamos haciendo, las encuestas sobre la realidad que ya hemos recogido y el trabajo del próximo verano, podremos plantearnos cómo más podría ayudarnos ARCORES.

Conozco varias necesidades, pero no todas son prioridad. En este sector faltan empleo, carreteras y proyectos para los jóvenes.

Lo primero es conocer más, y luego, si es posible, construir juntos un proyecto viable de acuerdo a la realidad que hemos ido conociendo.

Por el momento, mi petición es clara: formación para hacer un proyecto.

Voluntariado Nacional en Atarfe: una experiencia de encuentro, diversidad y compromiso

Del 29 de marzo al 5 de abril, la Fundación Escuela de Solidaridad de Atarfe (Granada) acogió una nueva experiencia de Pascua Solidaria en la que participaron jóvenes del colegio San Agustín de Valladolid junto a voluntarios procedentes de distintos ámbitos y vocaciones de Granada.

El grupo estuvo formado por diez jóvenes estudiantes, acompañados por voluntarios de Granada: una misionera agustino-recoleta, dos seminaristas y laicos comprometidos. Esta diversidad de procedencias, edades y experiencias enriqueció profundamente la vivencia comunitaria, generando un espacio de encuentro donde cada persona aportó desde su realidad.

Durante la semana, los voluntarios participaron activamente en la vida de la Fundación, colaborando en tareas cotidianas como la preparación de alimentos, el apoyo escolar, el mantenimiento de instalaciones o la gestión de donaciones. Estas acciones se combinaron con espacios de reflexión, convivencia y celebraciones propias del Triduo Pascual.

Uno de los aspectos más significativos fue el encuentro con personas acogidas en la Fundación, cuyas historias de vida marcaron profundamente a los participantes.

Un encuentro

Como señala David: “Lo que más me impactó fueron las historias de Roberto e Isidro. Nunca había imaginado ese tipo de situaciones y de maldades”.

Para Samuel, que repetía experiencia: “Compartir y ayudar es algo maravilloso que te hace sentir muy bien y afortunado”.

Beatriz destaca el valor del reencuentro: “No solo es reencontrarte con personas que te dejaron huella sino que tú también dejaste una huella positiva en gente”.

Por su parte, Laura subraya la dimensión comunitaria: “Me llevo el gran sentido de comunidad y de fraternidad que se vive en la fundación”.

Y Daniel concluye: “Son muchísimos los aprendizajes que me llevo, de esos que no están en los libros sino en el contacto con la vida”.

Esta Pascua Solidaria vuelve a poner de manifiesto el valor del voluntariado como espacio de transformación personal y social, donde la diversidad se convierte en riqueza y el compartir en motor de cambio.

Veinte años de deporte, solidaridad y compromiso. La Carrera Popular Memorial Padre Marcelino celebró este domingo su vigésima edición en las calles de Granada con un récord histórico de participación: más de 4.000 inscritos que convirtieron esta jornada en una auténtica fiesta popular.

Dos décadas después de su primera edición, esta carrera organizada por el Colegio Santo Tomás de Villanueva – Agustinos Recoletos mantiene intacta su esencia: el deporte como vehículo de transformación social.

Porque desde sus inicios, lo recaudado cada año se destina íntegramente a un proyecto de ARCORES, la Red Solidaria Internacional Agustino Recoleta.

Veinte ediciones, veinte compromisos concretos con las comunidades más vulnerables del mundo.

En esta edición tan especial, los fondos recaudados contribuirán a la construcción de una nueva escuela en Sierra Leona, un proyecto que abrirá las puertas de la educación a cientos de niños y niñas que hoy carecen de un espacio digno donde aprender y crecer.

Queremos agradecer de corazón a todos los participantes, familias, voluntarios y colaboradores que año tras año hacen posible esta carrera.

Cada inscripción es mucho más que un dorsal: es un gesto solidario que cambia vidas a miles de kilómetros de distancia.

Veinte años de deporte y compromiso, veinte años moviendo corazones y transformando vidas.

Más info…

Hay gestos que, desde aquí, transforman vidas a miles de kilómetros. La Mancomunidad de Aguas de Montejurra, ARCORES España y la Prelatura de Lábrea, construyen baños y una fosa séptica en Tierra Solidaria, una comunidad de viviendas sociales en Lábrea, en plena selva amazónica brasileña.

Una alianza que llega donde más se necesita

Este proyecto es posible gracias a la suma de tres compromisos: los 4.500 € aportados por la Mancomunidad de Aguas de Montejurra, los 2.836 € de ARCORES España y la aportación en terreno y coordinación de la Prelatura de Lábrea, organización local con más de 90 años de presencia en el Amazonas. Juntos hacen posible lo que ninguno podría lograr solo.

Y lo hacen en un lugar donde el saneamiento básico sigue siendo una asignatura pendiente: en Lábrea, solo el 3,5% de la población tiene acceso a red de saneamiento. En Tierra Solidaria, el 100% de las familias vive en situación de pobreza o extrema pobreza.

Tierra Solidaria es un complejo de 103 viviendas sociales en el barrio de A Fonte, en Lábrea. Sus habitantes son en su mayoría inmigrantes e indígenas llegados del interior de la selva, familias numerosas, madres solas, ancianos. Viven en casas modestas sin agua corriente, sin baños, sin sistema de eliminación de residuos.

Las calles se inundan de aguas fecales cuando llueve. Los niños juegan cerca. Las familias se bañan y lavan la ropa en el mismo río al que van a parar los residuos. Las enfermedades —diarreas, parásitos, malaria, hepatitis— forman parte del día a día. No es falta de voluntad. Es falta de infraestructura. Y de recursos para costearla.

Un programa que avanza casa a casa

Desde 2016, ARCORES España y la Prelatura de Lábrea trabajan juntos en el Programa de Agua, Saneamiento e Higiene en Tierra Solidaria, construyendo baños y fosas sépticas donde antes no había nada. Hoy estamos en la recta final de la segunda y última fase de ese programa. Con este proyecto, nos acercamos a su culminación.

Los dos baños que se construirán tienen ducha, pila y váter, agua corriente, luz y privacidad. La fosa séptica gestionará las aguas residuales de forma segura, sin contaminar el entorno ni el río. Y junto a la obra, la Prelatura de Lábrea acompañará a las familias con un plan de formación en higiene integral: cómo cuidar las instalaciones, cómo prevenir enfermedades, cómo mantener limpio el espacio común.

En Tierra Solidaria, son las mujeres quienes identificaron la necesidad y quienes lideran el cambio. Son ellas las que participan activamente en las formaciones y transmiten los nuevos hábitos a sus hijos y familias. En una comunidad marcada por la desigualdad y la vulnerabilidad femenina, este proyecto es también una apuesta por el empoderamiento de la mujer.

Cuando una mujer tiene acceso a saneamiento digno, gana salud, gana seguridad y gana dignidad.

Este proyecto contribuye a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU: el ODS 6 (Agua limpia y saneamiento), el ODS 3 (Salud y bienestar) y el ODS 11 (Ciudades y comunidades sostenibles). Pero más allá de los indicadores, contribuye a algo más sencillo y más profundo: que una familia pueda vivir con dignidad.

¿Quieres apoyar proyectos como este? Entra en https://socios.arcores.org

 

En las montañas de Brgy. Maslog, en Danao City (Cebú), se encuentra el Recoletos Eco-Park Shrine, un lugar que ya de por sí habla del compromiso de los Agustinos Recoletos con el cuidado de la creación. Fue allí donde, el pasado 14 de marzo de 2026, ARCORES Filipinas llevó esperanza a una comunidad golpeada recientemente por el tifón Tino.

El tifón no dejó víctimas mortales, pero sí dejó casas dañadas, cultivos arrasados y familias sin sustento. Para quienes viven del campo y del trabajo diario, recuperarse no es sencillo.

Sembrar árboles, sembrar futuro

La respuesta de ARCORES no fue solo asistencial: fue también ecológica. Junto a la Universidad de San José-Recoletos (USJR) y la Guardia Costera Auxiliar de Filipinas (PCGA), se organizó una jornada en la que los propios padres y madres de familia plantaron 20 árboles maderables, contribuyendo a la recuperación del entorno natural y protegiendo el futuro de sus hijos.

Además, 50 niños recibieron sus Bolsas de Esperanza con material escolar, y 55 familias recibieron sacos de arroz y paquetes de alimentos. Los propios vecinos cocinaron y compartieron juntos, convirtiendo la jornada en un momento de comunidad y alegría.

Entre todos los momentos del día, hubo uno que nadie olvidará. Una anciana que vive sola contó en voz baja su historia: cada día camina hasta el bosque a recoger ramas secas, que luego vende en el mercado para poder comer. Cuando recibió la ayuda, las lágrimas corrieron por su rostro. Con voz temblorosa, repitió una y otra vez: gracias.

Su historia nos recuerda que el cuidado de la creación y el cuidado de los más pobres son, en el fondo, la misma misión.

Una red que crece y se fortalece

Esta acción no es un hecho aislado. Los días 13 y 16 de marzo, ARCORES Filipinas celebró reuniones regionales en Cebú y Manila, reuniendo a sus Anchors —los voluntarios y colaboradores que sostienen la red— para escucharse, compartir propuestas y seguir construyendo juntos. La Universidad de San José-Recoletos y la Casa Provincial de San Ezequiel Moreno acogieron estos encuentros con generosidad.

En el espíritu de San Agustín, ARCORES Filipinas avanza como un solo corazón y una sola alma, unida en la misión de servir a Cristo en los pobres y de cuidar la tierra que todos compartimos.

 

Latiendo en misión

Los días 25 y 26 de febrero, Rodrigo Carlo Teijeiro Fussi, subdirector de Cooperación del Gobierno de La Rioja, y Ana Belén Sáenz Sota, jefa de Sección de Cooperación, visitaron la provincia de Chota (Cajamarca, Perú) para conocer de primera mano los proyectos de desarrollo que ARCORES ejecuta en la región con el apoyo de la institución riojana.

La agenda incluyó una intensa jornada de visitas a comunidades rurales donde el acceso al agua potable ha transformado la vida de cientos de familias.

Los funcionarios visitaron los sistemas de agua potable instalados en las comunidades de Llasavilca Alto (2017), Chulit y Pingobamba Alto (2019-2020), así como las cocinas mejoradas de Pingobamba Bedoya.

También visitaron el puente colgante de Arnedo, en la comunidad de Shauindopampa, y el Coliseo Multiusos La Rioja-Chota.

La visita incluyó además un encuentro con la Municipalidad Provincial de Chota, una visita a la planta de tratamiento de agua potable de la ciudad, y una entrevista en Radio Santa Mónica.

Esta visita se enmarca en una larga trayectoria de colaboración entre el Gobierno de La Rioja y ARCORES en Perú. En 2023, la institución riojana concedió 191.916,70 euros para llevar agua potable a las comunidades de Viza y Frayle (669 habitantes).

Recientemente junto al Ayuntamiento de Medrano, ha financiado con 117.956,96 euros un nuevo proyecto que beneficiará a 140 familias en las comunidades de San José, Malleta y El Porvenir, en los distritos de Santo Tomás y Socota, con sistemas de agua potable, cocinas mejoradas, rellenos sanitarios y reforestación.

ARCORES lleva más de 15 años trabajando en la región de Cajamarca, una de las más pobres de Perú, apostando por un modelo de desarrollo integral que combina infraestructura con formación comunitaria y empoderamiento de las mujeres.

Guadalajara late por Filipinas

El mes de marzo de nuestra campaña Latiendo en Misión nos lleva hasta Filipinas, donde un puente de esperanza cruza el océano desde Guadalajara hasta las comunidades más vulnerables de la isla de Cebú.

Una doble catástrofe que sacudió Visayas

El 30 de septiembre de 2025, un terremoto de magnitud 6,9 Mw devastó la región de Visayas, con epicentro en Bogo City (provincia de Cebú). Fue el seísmo más destructivo registrado en la zona en más de una década: 68 muertos, 559 heridos y más de 77.000 personas desplazadas, con hospitales colapsados, sin luz y sin agua potable. Las réplicas —más de 12.000— no dejaban respiro.

Apenas un mes después, el tifón Kalmaegi golpeó la misma región herida, agravando una situación ya desesperada. La suma de ambas catástrofes dejó a más de 366.000 personas afectadas y 80.595 familias sin apenas recursos para reconstruir sus vidas.

«Tinabangay»: juntos ayudamos

Ante esta emergencia, ARCORES Filipinas puso en marcha en octubre de 2025 la misión «Tinabangay» —que en cebuano significa juntos ayudamos—, liderada por Fray Albert Pellazar y Fray Glynn Ortega, junto a 20 voluntarios de la Universidad de San José-Recoletos.

El equipo se adentró en las zonas remotas y montañosas de Tabuelan y San Remigio, lugares a los que otras agencias no habían llegado, distribuyendo:

🍚 2.500 paquetes de alimentos en la fase inicial, con el objetivo de alcanzar 10.000 familias
💧 2.000 botellas de agua para garantizar acceso a agua potable segura
⛺ Materiales para refugios temporales (tiendas de campaña, esterillas, mosquiteras)
🎒 230 «Bolsas de Esperanza» con material educativo y artístico para niños y familias
🧴 Kits de higiene para personas mayores

El 22 de diciembre de 2025, el Concejal Delegado de Cooperación al Desarrollo del Ayuntamiento de Guadalajara, Roberto Narro Ortiz, firmó la resolución por la que se conceden 5.400 euros a ARCORES España para el proyecto «Ayuda de emergencia a las víctimas del terremoto y del tifón Kalmaegi en Filipinas».

Esta subvención, enmarcada en la convocatoria de cooperación al desarrollo del Ayuntamiento, forma parte de un proyecto con un coste total de 83.224,30 € —cofinanciado también por el Ayuntamiento de Valladolid— y se ejecuta durante 2025-2026.

La aportación de Guadalajara no es solo económica: es un gesto de solidaridad institucional que demuestra que la cooperación local puede tener un impacto global real. Gracias a este apoyo, ARCORES puede garantizar que la ayuda llegue a las familias más aisladas y vulnerables, aquellas que de otro modo quedarían invisibles en la respuesta humanitaria.

Detrás de cada paquete de alimentos, de cada «Bolsa de Esperanza» que llega a manos de un niño en Cebú, hay una cadena de solidaridad que une a voluntarios filipinos, a la organización ARCORES y a instituciones como el Ayuntamiento de Guadalajara.

Este marzo, Latiendo en Misión late por Filipinas. Porque cada latido cuenta, y el tuyo también puede marcar la diferencia.

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Por Fr. Kenneth Pahamutang, OAR. Isla de Casian

Durante generaciones, las turquesas aguas que rodean la isla de Calampisao, en Palawan, actuaron como santuario y, a la vez, como una silenciosa barrera. Si bien la belleza natural de la isla es impresionante, su aislamiento geográfico dictó durante mucho tiempo los límites de la educación en la Escuela Primaria de Calampisao, un puente de esperanza a través de las olas.

En esta realidad de «lugar remoto», maestros y alumnos luchaban contra una persistente brecha digital, donde los libros escasos y la total ausencia de conectividad hacían que el mundo más allá del horizonte pareciera imposiblemente lejano. Durante años, el sueño de una educación moderna estuvo secuestrado por la logística del mar, pues tender cables tradicionales a través de las profundidades era una hazaña tan imposible como las débiles señales celulares que apenas rozaban la orilla.

La marea finalmente cambió con la llegada de la Biblioteca Electrónica de Internet ARCORES, un visionario proyecto lanzado por la Red Internacional de Solidaridad de la familia Agustino Recoleta. Aprovechando el poder de los satélites de órbita baja de Starlink, la iniciativa sorteó por completo los obstáculos físicos del océano.

El renacimiento digital de Calampisao

Esta «Esperanza de Alta Velocidad» trajo una revolución al aula: una conexión fiable y de baja latencia que se mantiene firme incluso cuando la isla es azotada por los vientos del monzón y los tifones. Por primera vez, el mundo digital no solo llegó a Calampisao, sino que se quedó, proporcionando un sólido salvavidas que garantiza que el aislamiento físico ya no signifique privación de información.

Para los educadores de la isla, la biblioteca electrónica se ha convertido en un santuario profesional. Ya no limitados por materiales desactualizados, ahora navegan por un vasto repositorio de recursos alineados con el DepEd y herramientas multimedia interactivas. Materias complejas como Ciencias y Geografía, que antes eran difíciles de explicar solo con tiza y palabras, ahora cobran vida a través de videos en streaming y software interactivo.

Esta conectividad también permite a los maestros romper su propio aislamiento, participando en webinars globales y formación pedagógica que los mantiene a la vanguardia de la educación moderna. La biblioteca ha convertido efectivamente un puesto remoto en un sofisticado centro de excelencia docente, empoderando a quienes moldean el futuro de la isla.

En última instancia, el verdadero corazón de esta historia reside en los niños de Calampisao, para quienes la brecha digital finalmente se ha cerrado. Con tabletas en mano, un estudiante en este rincón remoto de Taytay ahora se encuentra en igualdad de condiciones con un compañero de una escuela privada en Manila.

Ya no solo aprenden sobre el mundo; participan en él, dominando la alfabetización digital del siglo XXI y explorando sus pasiones personales, desde los misterios del espacio hasta la biología de los arrecifes que los rodean. Como «Piloto de Esperanza», este proyecto de ARCORES es un testimonio de justicia social, que demuestra que la geografía nunca debería ser una barrera para el genio.

Las olas quizás aún separen a Calampisao del continente, pero se ha construido un puente digital que ninguna marea podrá borrar, un puente de esperanza a través de las olas. Más de Latiendo en misión

 

Cuando el agua llega

Hay un momento que las mujeres y la población de Viza y El Frayle no olvidarán: cuando el agua llega limpia, segura y suficiente hasta sus hogares. Pero lo que quizás no esperaban es que, junto con el agua, también llegaría algo más difícil de ver y mucho más transformador: la conciencia de su propio poder.

Durante 20 meses, las comunidades de Viza y El Frayle, en la región peruana de Cusco, vivieron un proceso de cambio profundo gracias al proyecto «Acceso universal y equitativo al agua segura», impulsado por ARCORES Perú con el apoyo del Gobierno de La Rioja y la participación activa de las propias familias beneficiarias. Un proyecto que, sobre el papel, hablaba de tuberías, lavatorios y sistemas de distribución. Pero que, en la práctica, fue mucho más que eso.

Desde el primer día, las mujeres estuvieron presentes. No como espectadoras, sino como protagonistas. Participaron en las jornadas de construcción, se formaron en educación sanitaria y ambiental, aprendieron sobre el cuidado del agua y los derechos que les corresponden. Y algo fue cambiando en su interior. Poco a poco, comenzaron a verse de otra manera: no solo como madres o cuidadoras del hogar, sino como sujetos con derechos, con voz y con capacidad de decisión.

Hoy, las mujeres de estas comunidades forman parte de las juntas directivas que gestionan el sistema de agua. Son ellas quienes velan por su correcto funcionamiento, quienes toman decisiones sobre su mantenimiento, quienes garantizan que el esfuerzo colectivo tenga futuro. Su liderazgo no es simbólico: es real, es necesario y es sostenible.

En los hogares también se nota el cambio. El lavado de manos en los momentos clave, el consumo de agua segura, la eliminación adecuada de residuos… Nuevos hábitos que nacen de la comprensión, no de la imposición. Hábitos que las mujeres transmiten a sus hijos e hijas, sembrando una cultura de salud y cuidado que trasciende el proyecto.

204 familias tienen hoy acceso a agua segura. Pero detrás de ese número hay nombres, hay historias, hay mujeres que un día descubrieron que el agua no es solo un recurso: es un derecho. Y que defenderlo también es cosa suya.

Este proyecto es posible gracias a la solidaridad de personas como tú. Si quieres seguir haciendo latir este corazón colectivo, puedes sumarte a través de ARCORES.

Latiendo en Misión

Un pedacito de cielo en Fortaleza

Los últimos días en el Lar Santa Mónica de Fortaleza han tenido un sabor especial, como cuando uno sabe que cada momento se vuelve más intenso porque está llegando el final. El barullo llenaba el Lar desde temprano, voces que me llamaban por el nombre, manos pequeñas que buscaban ayuda para terminar una actividad o simplemente para sentirse acompañadas. Entre juegos, conversaciones y pequeños conflictos cotidianos, fui descubriendo que la misión no estaba en hacer algo extraordinario, sino en estar presente de verdad.

Recuerdo especialmente las tardes en las que nos sentábamos a crear juntas: origami, dibujos, pequeños detalles hechos con paciencia. Algunas niñas se concentraban en silencio y otras hablaban sin parar, contando historias del colegio. En medio de esa bulla alegre, aprendí que cada actividad era una oportunidad para que ellas se sintieran capaces, vistas y valoradas. No era solo enseñarles algo , sino decirles sin palabras: “tú puedes”.

El Colegio

El acompañamiento al colegio también me marcó mucho estos últimos días. Entendí mejor sus desafíos diarios, sus esfuerzos por aprender y su necesidad profunda de alguien que crea en ellas.

Hubo momentos muy concretos que me tocaron el corazón: una niña que insistía en enseñarme algo nuevo aunque no le saliera perfecto; otra que, en medio del ruido, se acercaba solo para quedarse en silencio a mi lado; los abrazos inesperados al final del día, como si quisieran guardar un pedacito de ese tiempo juntas. Las bullas, que al principio parecían puro caos, se convirtieron en un lenguaje de vida, en una expresión de confianza y alegría que también me transformaba.

Desde la fe, estos días han sido una escuela viva del Evangelio. He comprendido que Jesús también habría caminado entre estas risas, estas preguntas y estas historias sencillas. Me di cuenta de que la vida cristiana se construye en lo cotidiano: al escuchar con paciencia, al corregir con ternura, al volver a empezar cuando algo no sale bien. Las niñas me enseñaron que Dios se revela en lo pequeño, en la espontaneidad y en la capacidad de seguir sonriendo aun cuando la vida no siempre es fácil.

Nuestro voluntariado

Hoy miro hacia atrás y siento que el impacto más grande no ha sido algo visible, sino una transformación interior. Llegué con el deseo de acompañar y me voy sabiendo que también fui profundamente acompañada. Las bullas, las actividades compartidas y las vivencias del colegio han dejado en mí una certeza: la misión no termina cuando uno se despide físicamente; continúa en la forma nueva de amar, de mirar y de confiar.

Me llevo sus risas, sus historias y sus abrazos como una oración viva. Y en medio de la nostalgia, queda una paz profunda: Dios estuvo presente en cada detalle, y lo que sembramos juntas seguirá creciendo, aunque los caminos ahora tomen direcciones distintas.

 

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