Más de 90 personas de distintas congregaciones agustinianas y procedentes de toda España participaron el sábado 24 de octubre en el primer Encuentro FAE de Voluntariado, una jornada de formación, convivencia y reflexión compartida que reforzó los lazos de la familia agustiniana y las ganas de seguir trabajando conjuntamente.
El colegio agustiniano de Madrid acogió el primer Encuentro FAE de Voluntariado, que reunió a más de 90 personas vinculadas al voluntariado de la familia agustiniana española. Agustinos, misioneras agustinas, agustinas del Amparo, agustinas del Monasterio de la Conversión, agustinos recoletos y misioneras agustinas recoletas compartieron una jornada marcada por el buen ambiente, la cercanía y la riqueza de encontrarse con personas que, desde distintas realidades, comparten una misma inquietud por los demás.
Los participantes llegaron desde numerosos puntos de España, entre ellos Baleares, el País Vasco, Cádiz, Granada, Valencia, Sevilla, Valladolid, Logroño, Toledo, Zaragoza, Salamanca y Ávila, además de Madrid y sus alrededores. La diversidad de procedencias y carismas hizo visible la riqueza de una familia que, aun trabajando en contextos diferentes, encuentra en la espiritualidad agustiniana un espacio común para crecer y colaborar.
Tras la oración inicial, los asistentes se presentaron de una manera poco convencional: mediante un diálogo guiado que permitió descubrir, a través de respuestas breves y experiencias personales, la diversidad y la riqueza de las distintas realidades congregacionales. Fue una primera oportunidad para escucharse, reconocerse y estrechar vínculos.
Formación para transformar la realidad
La mañana estuvo dedicada a profundizar en las raíces y los desafíos del voluntariado. Javier Antolín, agustino, abordó el voluntariado desde la perspectiva agustiniana, mientras que Tagoy, agustino recoleto, reflexionó sobre la justicia y la paz universal desde esta misma espiritualidad.
Uno de los momentos más intensos de la jornada llegó con el testimonio de María Jesús, que compartió en primera persona su experiencia al escuchar los disparos del asesinato de las hermanas Caridad y Judith en Argelia, en 1994. Un relato que puso rostro y memoria al compromiso por la paz y ayudó a comprender que la no violencia no significa pasividad, sino una respuesta activa ante la injusticia y el sufrimiento.
La mañana dejó así una idea que atravesó las distintas intervenciones: la no violencia como respuesta activa, una llamada a implicarse y trabajar por un mundo más justo y fraterno.
Trabajar en red que nadie se quede atrás
Por la tarde, la reflexión dio paso a la participación. A través de diferentes dinámicas, los asistentes pudieron posicionarse ante cuestiones sociales, compartir puntos de vista y afrontar, en pequeños grupos, situaciones reales relacionadas con la gestión de recursos y las dificultades que surgen en los proyectos de voluntariado.
La jornada concluyó esta parte práctica con una dinámica especialmente significativa: entre todos, los participantes construyeron una red con la que intentaron sostener un corazón. La imagen puso de manifiesto que las redes de apoyo pueden ser frágiles y que, si nadie se implica para mantenerlas firmes, las personas más vulnerables corren el riesgo de quedarse fuera. Cuidar esa red exige iniciativa personal, responsabilidad compartida y compromiso cotidiano.
El encuentro reservó también un espacio de trabajo por congregaciones para trasladar lo vivido a la realidad concreta de cada comunidad y de sus proyectos de voluntariado. La jornada terminó con una oración y el canto de «Alma misionera», como expresión de la disponibilidad para seguir poniendo la propia vida al servicio de los demás.
Más allá de los contenidos y las actividades, el encuentro dejó una experiencia de familia: la alegría de conocerse, la oportunidad de aprender unos de otros y la certeza de que existen muchas posibilidades para caminar juntos. La diversidad no fue un obstáculo, sino una riqueza; y la convivencia permitió descubrir que el voluntariado agustiniano tiene mucho que compartir y mucho que construir en común.
En la despedida, Jesús Torres recordó el mensaje del papa León XIV con motivo de su visita a España: «Te quiero así, pero te sueño mejor». Una frase que se convirtió en la mejor manera de cerrar la jornada: reconocer y agradecer todo lo que ya somos y hacemos, sin renunciar al deseo de seguir creciendo, mejorando y construyendo juntos un voluntariado cada vez más comprometido con las personas y con la transformación de la sociedad.
El encuentro concluyó con una oración y el canto de «Alma misionera», como expresión de la disponibilidad para seguir poniendo la propia vida al servicio de los demás. La jornada terminó, pero permanece la ilusión de seguir encontrándonos, colaborando y trabajando en familia para transformar vidas.
– Fray Fernando Martín, OAR.




