La tierra se resquebraja, pero la solidaridad humana permanece intacta. Mientras el número de muertos por el devastador terremoto en Venezuela supera los 1,400, la nación despierta ante un panorama inimaginable de tragedia y ruina. En el informe de la ONU, «hasta el 27 de junio, las autoridades han confirmado que al menos 1,430 personas han muerto y otras 3,238 han resultado heridas tras los devastadores terremotos gemelos que azotaron el norte del país el 24 de junio» (https://news.un.org/en/story/2026/06/1167825). Más allá de la cruda realidad de las estadísticas, subyace un profundo dolor colectivo: una densa nube de devastación y pérdida que ha cubierto al país. Sin embargo, tras los temblores, emerge un pulso más profundo y resonante. No nos limitamos a observar pasivamente; sufrimos junto al pueblo de Venezuela. Escuchamos sus lamentos, honramos su desesperanza y respondemos colectivamente con un propósito único e ineludible: un corazón con Venezuela.
Un corazón que vibra en aquellos que sufren
La verdadera solidaridad no observa desde la distancia; actúa desde el epicentro del dolor. El equipo de ARCORES Venezuela se encuentra actualmente sobre el terreno, movilizando estrategias de ayuda mientras sus propias familias sufren las consecuencias del desastre. Son un ejemplo de valentía bajo presión, centrando sus esfuerzos en establecer corredores de apoyo vitales para satisfacer las necesidades básicas de supervivencia inmediata.
No están solas en esta sagrada labor. Inmediatamente después de los devastadores temblores, las hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús salieron de la relativa seguridad de sus conventos. Su misión fue inmediata y clara: evaluar los daños e instantáneamente transformar sus espacios en santuarios para los traumatizados y los que sufren. Desde esos refugios seguros, han comenzado a distribuir alimentos, a organizar medicamentos esenciales y a compartir desinteresadamente los recursos que quedaron en sus comunidades.
Un corazón que sangra, pero late en solidaridad
Ser uno de los primeros en responder ante esta crisis implica una doble carga. ARCORES Venezuela, la red de solidaridad de primera línea de la Orden, se encuentra directamente en el epicentro. Los trabajadores y líderes religiosos no son meros proveedores de ayuda; son víctimas que consuelan a sus familiares y amigos afligidos, al tiempo que sirven a la comunidad.
Esta vasta red interconectada de compasión —que comprende a los frailes Agustinos Recoletos, las hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús, las hermanas MAR y los miembros de las Fraternidades Seglares y de la JAR— se ha visto directamente afectada por la catástrofe. Sin embargo, optan por afrontar su sufrimiento personal mediante un compromiso inquebrantable con los demás. «Sus corazones están heridos, pero no quebrados por esta tragedia».
A pesar de las enormes dificultades logísticas y estratégicas propias de una zona de desastre, la misión sigue siendo primordial. Los esfuerzos de ayuda continúan extendiéndose para llegar a las personas atendidas por las escuelas y parroquias locales. Esta solidaridad comprometida no solo busca reconstruir hogares, sino también conmover los corazones heridos y atender las necesidades profundas e inmediatas de una población traumatizada.
Un corazón con el pulso de la esperanza
Cuando la tierra se derrumba, la humanidad se ve obligada a encontrar un apoyo más firme en la fe, la comunidad y la ayuda mutua. La tragedia en Venezuela es inmensa, pero la respuesta de estos grupos comprometidos demuestra que la esperanza no puede ser sepultada bajo los escombros. Con cada comida servida, cada corredor abierto y cada mano tendida, late un corazón con el pulso de la esperanza: desafiante, resistente y listo para reconstruir. Esto une concretamente nuestros corazones al corazón de Cristo, tendiendo un puente entre la verdadera solidaridad y la esperanza duradera.
Acceda al informe de situación de la ONU:
Cómo puedes ayudar: “Un corazón con Venezuela”
ARCORES Internacional hace un llamamiento urgente a la solidaridad de toda la familia Agustino-Recoleta —comunidades, colegios, parroquias, centros de espiritualidad y personas de buena voluntad— para colaborar económicamente con ARCORES Venezuela.
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