Educación y empoderamiento femenino como motores de cambio en tres comunidades rurales del norte del país.
Sierra Leona es uno de los países más pobres del mundo. Más de la mitad de su población vive bajo el umbral de la pobreza, y las secuelas de una guerra fratricida (1991-2002), la epidemia de ébola (2014) y la pandemia de COVID-19 han dejado profundas heridas en su tejido social. En este contexto, la educación emerge como la herramienta fundamental para transformar la realidad de miles de niños y niñas que enfrentan diariamente la vulnerabilidad extrema.
Un desafío educativo con rostro de mujer
En Sierra Leona, el promedio de años de educación es de apenas 2,9 años. Pero detrás de esta cifra se esconde una realidad aún más dramática: las niñas son las grandes excluidas del sistema educativo. En las zonas rurales, solo el 1% de las adolescentes están escolarizadas en secundaria y saben leer y escribir. La mayoría permanece analfabeta, atrapada en un ciclo de desigualdad que se perpetúa generación tras generación.
Las causas son múltiples y profundas: matrimonios precoces concertados desde que las niñas son pequeñas (el 30% de las mujeres se casan antes de los 18 años), la mutilación genital femenina que afecta al 83% de niñas y mujeres, y una estructura social que relega a las mujeres al cuidado del hogar, sin acceso a puestos relevantes en la vida política, económica o cultural del país.
Desde 1996, los misioneros Agustinos Recoletos trabajan en Sierra Leona, gestionando actualmente una red de 74 escuelas rurales en los chiefdoms de Sanda Loko, Biriwa y otras comunidades del norte del país: 4 escuelas infantiles, 65 escuelas primarias, 3 de secundaria básica y 2 de secundaria superior. La Iglesia Católica es responsable de la escolarización del 70% de todos los alumnos de la región.
Su labor va mucho más allá de la construcción de aulas. Durante estos años han desarrollado programas de becas que han beneficiado a más de 400 niños y jóvenes, algunos llegando hasta completar la Universidad. Han construido pozos para garantizar agua potable, han formado a profesores para obtener la certificación oficial, y han puesto en marcha iniciativas de promoción de la mujer y seguridad alimentaria.
El internado de niñas: un proyecto contra la desigualdad
Uno de los proyectos más transformadores es el internado de niñas de Kamalo, una iniciativa pionera en la zona que aborda directamente la brecha de género en la educación. Como expresan los propios misioneros:
«El internado abordó la brecha de las disparidades de género en las escuelas. Ahora las jóvenes pueden ser educadas. Las niñas también pueden contribuir a un cambio positivo en la comunidad. Educar a las niñas abre nuevas y amplias oportunidades para humanizar a la sociedad. Empodera a las mujeres y les da una plataforma para ser un cambio activo de la sociedad.»
Este programa no solo garantiza el acceso a la educación secundaria para las niñas, sino que cuestiona los estereotipos impuestos por la sociedad sobre el papel de las mujeres, generando beneficios concretos en las niñas y sus familias.
Voces que transforman: testimonios desde el internado
Gloria Yeabu Sesay, una de las estudiantes del internado, comparte su historia: «Mi padre falleció y mi madre me abandonó siendo muy pequeña. El Padre Jess se hizo cargo de mí, de mi familia y de mis hermanas. Éramos siete en la familia. Cuando estaba en el pueblo, no tenía tiempo para estudiar, comer o rezar, pero en el internado tengo tiempo para todo: rezar, comer y estudiar.»
Gloria sueña con ser enfermera y por eso estudia física, química y biología. Su testimonio refleja la realidad de muchas niñas que, sin el internado, estarían condenadas al abandono escolar y a perpetuar el ciclo de pobreza.
Alice, otra estudiante, llegó al internado en 2019 tras el fallecimiento de su madre: «Cuando estaba con mi familia, me resultaba difícil. Los Padres me invitaron al internado para poder tener una mejor educación. Aquí tenemos tiempo para estudiar, jugar y tenemos nuestros horarios para todo.» Alice aspira a convertirse en religiosa, inspirada por la labor que ve a su alrededor.
Adama R. Mallon, que llegó desde Nbedeou Village hace dos años, comparte su experiencia: «Me gusta que la tía y mis amigas me hagan reír y jugar, cantar y bailar.» Adama quiere ser abogada, un sueño que antes parecía inalcanzable para una niña de su comunidad rural.
Elizabeth Umu Bangura, la «tía» encargada del internado durante tres años, explica la filosofía del proyecto: «Estar con las niñas es mi tiempo más feliz. Nos aseguramos de que aprendan a leer y escribir, que la oración sea nuestra primera prioridad, que asistan a la escuela todos los días y que tengan tiempo para descansar y estudiar con las computadoras por las tardes.»
Elizabeth reconoce que el principal desafío es la barrera del idioma, ya que las niñas provienen de diferentes tribus y cada una habla su propio dialecto. Pero su compromiso es claro: «Deseo seguir siendo la ‘tía’ del internado porque me encanta estar con las niñas y cuidarlas.»
Un enfoque integral: educación, agua y alimentación
El proyecto actual se centra en tres pilares fundamentales:
1. Educación de calidad: Rehabilitación y reconstrucción de escuelas rurales en condiciones precarias, dotación de material educativo y formación continua del profesorado en colaboración con la Universidad de Makeni. El internado proporciona además acceso a computadoras y recursos tecnológicos para el estudio.
2. Agua potable y saneamiento: Construcción de sistemas de agua y pozos en las escuelas, así como aseos diferenciados para niñas y niños, mejorando la higiene y facilitando especialmente la permanencia de las niñas en el sistema educativo.
3. Seguridad alimentaria: Apoyo a la agricultura familiar y emprendimientos productivos que garanticen la subsistencia de las familias y reduzcan el hambre severa que afecta a más de un millón de personas en el país.
El futuro de la misión: un compromiso a largo plazo
Los Agustinos Recoletos viven entre la población, en una relación de mutua confianza y compromiso. Las iniciativas nacen de las propias comunidades beneficiarias, que adquieren responsabilidad en los proyectos. Su Plan Estratégico recoge los retos fundamentales: abordar la pobreza a través de una educación de calidad, desarrollar proyectos específicos para mujeres y niñas, formar al personal docente, mejorar el suministro de energía solar y garantizar el agua potable.
Como ellos mismos expresan: «Nuestra tarea de curar las heridas de la sociedad a través de la educación no es fácil y no debemos llevarlo a cabo con prisas. Debemos hacerlo con sumo cuidado y planificación con el fin de maximizar los recursos, seguir en constante diálogo con la población y conocer sus verdaderas necesidades.»
Cómo colaborar
A través de la campaña Jornada de Corazón Solidario de ARCORES, puedes contribuir a que más niñas y niños de Sierra Leona tengan acceso a una educación de calidad, agua potable y alimentación. Cada aportación ayuda a construir aulas, formar profesoras, mantener el internado de niñas y garantizar que ninguna niña tenga que abandonar sus sueños por falta de oportunidades. Te invitamos a ser parte de este crecimiento común.








