Segunda semana en LAR, Brasil.
El acompañamiento que se teje en lo cotidiano se ha ido encarnando en actividades concretas y sencillas en su forma, pero profundas en su alcance educativo y afectivo: talleres, juegos y salidas han sido el hilo conductor de una ha presumido relación con las niñas que poco a poco se va consolidando… Estos espacios han favorecido la creatividad, pero también la autoestima já que cada » artesanía » ha sido acogida sin juicio, valorando el proceso más que el resultado.
Los talleres con elementos sencillos y reciclados han ayudado a trabajar la atención, paciencia y cuidado del material compartido. Hacer algo con las manos ha permitido que la soñadora de cada niña volviese a tener luz. Todo ha sido una escuela silenciosa de perseverancia, cooperación y confianza.
También han tenido un espacio importante los juegos corporativos de la tarde/ noche y las actividades en torno a la Semana de conmemoración de la fundación de las ARCJ que fueron pensados no desde la competición, sino pensando en la integración de todas las niñas. El juego compartido generó un clima de alegría explicativa y pertenencia.
En cuanto a las excursiones y salidas fuera del Lar han sido momentos especialmente esperados donde se ha trabajado el respeto y la presencia. Esto ha supuesto una oportunidad para detectar miedos, necesidades y avances, priorizando la necesidad del vínculo que se ha ido teniendo con cada una de ellas. Porque efectivamente, lo educativo y afectivo caminan juntos. Y es así, en lo cotidiano, donde el acompañamiento cobre todo su sentido.

Durante estos días hemos madrugado mucho, con el fin de aprovechar al máximo la jornada con las niñas, atendiendo espacios y momentos de ocio y silencio, rutinas del día a día y misa.
La organización y estructura de los horarios ha permitido la fluidez y orden de todo lo planificado: higiene personal, rutinas de comida, salidas médicas…
El compartir almuerzo en las casas de las niñas ha resultado ser un punto de inflexión en el silencio, respeto, orden y conversación individual con las madres sociales y niñas.
Como broche de final de las vacaciones hemos compartido desayuno y cena fuera de casa y una atracción de circo.
Para las niñas acabaron ya las vacaciones, comienzan en sus aulas un nuevo curso: una puntada más para su futuro en las manos De Dios.
El tiempo que las niñas pasan en el colegio forma parte de su pecado educativo y personal. Para ellas, el colegio no es sólo un espacio de aprendizaje, sino también un lugar donde se ponen a prueba sus emociones y relaciones.
Al inicio de la jornada escolar, las niñas salen del Lar con entusiasmo y al finalizar vuelven con vivencias y concretas: alegría por lo aprendido y también cansancio. El Lar se convierte, entonces, en un espacio donde pueden expresar lo vivido y reforzar hábitos de estudio, responsabilidad y cuidado personal.
Estas semanas, con una relación más implantada con las niñas y el entorno, hemos podido desarrollar cada actividad más profundamente. Cada día teníamos una propuesta de actividades diferentes según el tiempo que tuviéramos y el clima (teniendo que trabajar en las casas si llovía mucho). Partíamos de trabajar algo de movimiento, enseñarles algún baile de canciones que algunas ya conocían (como la famosa Macarena) para despertar el cuerpo y cambiar a otras actividades ahora más tranquilas y de concentración como seguir hilando llaveros, pulseras, diseñar estuches para después usar en la escuela… y finalmente acabamos haciendo algún juego o dinámica antes de compartir en el almuerzo.
Hemos querido saber qué piensan y viven las niñas preguntándoles directamente a algunas, de las cuales recibimos respuestas claras y sencillas.
*Nos cuentan cómo es vivir en el LAR:
- Sentirse querida y feliz.
- No sentirse sola.
- Vivir con amigas, tener muchas celebraciones y dinámicas diferentes.
- Conocer a voluntarias de muchos sitios a las cuales hay que amar a todas y de las que se pueden aprender muchas cosas.

- “Nos ayudan cuando estamos tristes”
- “Nos hacen sentir importantes”
- “Compartir el momento del almuerzo nos une y nos gusta”
- “Aprendemos algunas cosas en español y hacemos muchas cosas nuevas de manualidades, baile…”
- “Son muy buenas porque nos enseñan cosas aunque a veces tengamos conflictos entre nosotras las niñas, y son muy cariñosas”
Además algunas nos dicen con mucho cariño que les gustaría que nos quedáramos más tiempo o para siempre, cosa que siempre les preocupa que nos llegue ya el día de marcharnos y nos preguntan constantemente. Para nosotras como voluntarias, es algo muy valioso que en medio de todo lo que viven puedan encontrar cariño y esperanza en nuestra visita y conozcan otras maneras de vivir y de amar.
*Por último, les preguntamos qué era lo que más les había gustado hacer por ahora con nosotras y todas daban gran valor a las actividades que habíamos preparado para ellas, aprender algo nuevo y compartir tiempo jugando o en lo cotidiano.
¡Cada una de ellas y de nosotras aprendemos algo nuevo cada día!
Para nosotras las voluntarias puede parecer todo fácil, pero una palabra en portugués, una comida nueva, una conversación o algo nuevo que hacer llega también cada día.
Continuamos en misión tratando ahora, desde que comenzó febrero, la integración al nuevo curso escolar, reparto de materiales, apoyo en las materias y tareas diarias y un sin fin de cosas que seguir haciendo.
Esperamos que este nuevo curso para ellas sea fructífero e ilusionante por la vida nueva llena de AMOR.
Primer testimonio, da click




