Testimonio de presencia y esperanza

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Por Montse y Beatriz, voluntarias en Brasil

Cuando llegamos al Lar Santa Mônica, en Brasil, no sabíamos exactamente qué esperar. Veníamos con la ilusión de acompañar, de estar presentes, de ofrecer nuestro tiempo y nuestras manos. Lo que no imaginábamos es que seríamos nosotras las primeras en recibir.

Desde el primer momento, el equipo educativo del Lar nos recibió con una cercanía que desarma. No hubo prisa, no hubo exigencias. Solo claridad, paciencia y confianza. Nos explicaron los ritmos de la casa, las normas básicas y, sobre todo, algo fundamental: cómo relacionarse con las niñas. Desde el respeto, la paciencia y la coherencia. Esas tres palabras se convirtieron en nuestro mapa.

El Lar Santa Mônica es un proyecto de las Agustinas Recoletas Contemplativas de Jesús (ARCJ) que acoge a adolescentes en situación de vulnerabilidad y riesgo de trata. Aquí, cada niña tiene una historia, un nombre, un rostro. Y aquí, cada gesto cuenta.

El encuentro con las niñas

El primer contacto con ellas fue natural, sin forzar. Algunas se acercaron enseguida, curiosas, con ganas de hablar y de jugar. Otras se mantuvieron más reservadas, observando desde la distancia. Y eso también estaba bien. Aprendimos rápido que no se trata de conquistar, sino de estar. De transmitir un mensaje sencillo pero poderoso: aquí hay presencia.

Durante estas primeras semanas, las actividades han sido nuestro puente. Talleres de manualidades —costura, macramé, dibujo, llaveros, crochet—, juegos grupales, dinámicas de expresión corporal, alguna excursión… Todo pensado no solo para entretener, sino para crear espacios donde las niñas puedan expresarse, reforzar su autoestima, aprender a compartir y a esperar turnos.

El juego, en particular, ha sido una herramienta educativa preciosa. A través de él hemos trabajado el respeto a las reglas, la aceptación de la frustración, la colaboración. Y hemos descubierto algo hermoso: todas tienen un espíritu de ayuda mutua y protección entre ellas. Se cuidan, se buscan, se sostienen.

Los gestos pequeños que lo cambian todo

Pero si algo hemos aprendido es que lo más importante no siempre está en las actividades programadas. Está en los gestos cotidianos: una palabra de ánimo, una atención individual, una escucha paciente. Esos momentos, aparentemente pequeños, son los que construyen confianza. Los que ofrecen a las niñas una experiencia de relación sana y estable, quizá distinta a las que han conocido antes.

Hay niñas que necesitan tiempo para gestionar sus emociones. Otras que buscan constantemente la mirada del adulto. Algunas que se lanzan sin miedo, y otras que dudan. Cada una es un mundo. Y cada una nos está enseñando algo sobre la paciencia, la ternura y la coherencia.

Una celebración en familia

Durante estas semanas, el Lar vivió con gran alegría la celebración de los 125 años de la fundación de las ARCJ. Fue un momento muy especial. La Santa Misa, vivida con profunda emoción, nos recordó la historia, la entrega generosa de tantas hermanas y colaboradores, y la presencia viva del carisma en la vida del Lar.

Con las niñas realizamos actividades para que pudieran comprender, de manera sencilla y cercana, el sentido de esta celebración. A través de dinámicas, juegos y momentos de diálogo, conocieron mejor la historia y el espíritu que anima la labor de las ARCJ. Cada sonrisa, cada participación, reflejó el agradecimiento por todo lo recibido y el deseo de seguir construyendo juntas un futuro lleno de esperanza.

Fue un tiempo de memoria agradecida, de celebración compartida, de lazos fortalecidos.

Estas primeras semanas han sido intensas, bonitas, desafiantes. Hemos logrado una buena adaptación al entorno del Lar, un primer vínculo significativo con las niñas y una lectura inicial de sus necesidades, límites y potencialidades.

Pero sobre todo, hemos confirmado algo: el trabajo en el Lar Santa Mônica requiere presencia constante, coherencia y ternura. Las actividades son solo un medio. Lo que realmente transforma son los procesos más profundos de crecimiento personal, tanto de las niñas como de nosotras mismas como voluntarias.

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