Misión que transforma vidas con justicia y desarrollo

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Por fray Elpidio Sarita

Antes de venir a África como misionero, mi comprensión del trabajo misionero se centraba principalmente en predicar la Buena Nueva, llevar a las personas a Cristo a través de las palabras y los sacramentos. Pero al sumergirme en la vida de la comunidad, me di cuenta de que la evangelización no es solo lo que predicamos, sino también lo que hacemos por la dignidad y el bienestar de las personas a las que servimos. Comprendí que el mensaje del Evangelio no está completo sin justicia, promoción humana y desarrollo.

Justicia significa ayudar a construir una sociedad donde las personas sean tratadas con equidad, con acceso igualitario a derechos humanos básicos como el agua, la educación y la salud. En muchas de las comunidades a las que sirvo, hay gran desigualdad y pobreza. Como misionero, estoy llamado no solo a consolar el sufrimiento, sino a desafiar y transformar las estructuras que lo causan. Promoción humana consiste en reconocer y apoyar la dignidad de cada persona. Lo hacemos empoderándolas a través de la educación.

Desarrollo se refiere al lado práctico de la misión: ayudar a las comunidades a crecer de manera que mejore su vida diaria. En nuestra misión, estamos involucrados en proyectos como la construcción de escuelas, pozos de agua, letrinas y la provisión de necesidades básicas que la comunidad no puede proporcionar por sí misma. Al principio, pensé que hacer estas cosas podría estar fuera del núcleo de la misión de predicar el Evangelio. Pero de hecho, descubrí que este tipo de trabajo no distrae de la misión, sino que la profundiza.

Jesús sanó a los enfermos, alimentó a los hambrientos, acogió a los pobres. Su misión fue tanto espiritual como social. Como misionero, sigo Su ejemplo cuando llevamos la Palabra de Dios junto con actos de caridad y justicia. Mi camino misionero se ha vuelto más holístico, más útil para las personas a las que sirvo.

En mi experiencia misionera, siempre he sido consciente de la necesidad de ayudar a las personas no solo espiritualmente, sino también en los muchos desafíos que enfrentan en la vida: pobreza, falta de educación adecuada, agua potable y servicios básicos. Queremos ayudar de manera integral, pero a menudo nuestros recursos son muy limitados.

Por eso, trabajar con ARCORES ha sido una gran bendición para nosotros. ARCORES se ha convertido en la columna vertebral de nuestra misión. El apoyo nos ha permitido llegar a comunidades de maneras que no podríamos hacer por nuestra cuenta. Gracias a esta ayuda, hemos podido construir escuelas, pozos de agua, letrinas y otros proyectos que realmente mejoran sus vidas.

Por supuesto, enfrentamos muchos desafíos en el camino. No somos expertos en trabajos de desarrollo, y a veces el proceso es difícil. Pero lo que nos hace exitosos es la guía y el apoyo que recibimos de los coordinadores y socios de ARCORES. No solo proporcionan recursos, sino que caminan con nosotros, nos visitan, nos aconsejan y nos animan.

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